A las órdenes de Felipe II
Capitán General del mar Océano, Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, dirigió desde Lisboa los preparativos para la Gran Armada contra Inglaterra.
En el capítulo XXXIX de Don Quijote de la Mancha, “Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos”, Miguel de Cervantes se refiere a la captura de La Presa, galera comandada por un hijo de Barbarroja, a manos de “la capitana de Nápoles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jamás vencido capitán don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz”.
Admirado y respetado por sus soldados, siempre el primero dando ejemplo con sus hechos, fue un hombre de acción. Con una hoja de servicio intachable, no conoció la derrota en el campo de batalla, y para sus enemigos –ya fueran franceses, turcos, portugueses, berberiscos o ingleses–, fue un auténtico muro infranqueable.





